Un predicador acababa de invitar a sus oyentes a buscar de Dios,
cuando un joven exclamó:
-Usted habla del peso del pecado. Yo no lo
siento — Cuanto pesa? Veinte kilos, cien kilos?
-Digame -le pregunto el predicador-,
si usted pusiera un peso de cien kilos sobre el pecho de un hombre muerto, -Lo sentiria el??
–No, ya que esta muerto -Costesto el joven.
El predicador prosiguio: -Pues bien, el hombre que no siente el peso del pecado
esta espiritualmente MUERTO.


Dos hermanitos en puros harapos, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de la calle que rodea la colina. Estaban hambrientos: “vaya a trabajar y no molesten”, se oía detrás de la puerta; “aquí no hay nada, pordiosero…”, decía otro…Las múltiples tentativas frustradas entristecían a los niños…
- Un joven le pregunto al Sabio, ¿qué debo hacer para no enojarme? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.
Un joven turista se encontraba en las playas de Cancún y era la primera vez que subiría en un paracaídas jalado por una lancha. Si conoces la playa, sabes que los lancheros prestan ese servicio, que consiste en que un paracaídas es amarrado por una cuerda a una lancha.
Un hombre tenía un sembrado de flores estupendas; cada día salían de su cultivo centenares de paquetes a vender a la ciudad con las flores más bellas y fragantes que nadie pudiera conocer.